Seguro que todos habéis oído alguna vez hablar del grafeno, ese material milagroso que casi nadie ha visto con sus propios ojos pero que lleva más de una década en el punto de mira tecnológico. Hay quien le ha llegado a poner el apelativo de “material de Dios”, y que aseguran que va a cambiar el mundo tal y como lo conocemos. ¿Cómo? Por ejemplo, haciendo que los aviones y los barcos sean mucho más ligeros y resistentes, que los cables de fibra óptica transmitan datos a unas velocidades cientos de veces más elevadas, que las baterías de los coches eléctricos duren una cantidad increíble de kilómetros, o que los ordenadores sean muchísimo más rápidos procesando información… Pinta bien, ¿verdad?

Grafeno: el material del futuro

El grafeno fue aislado por primera vez a partir del grafito en 2004 por dos investigadores rusos de la Universidad de Manchester: Konstantín Novosiólov y Andréy Gueim. Este hito les valió, seis años después, la obtención del premio Nobel de Física.

Pero ¿qué es exactamente el grafeno? El material que conocemos como grafeno es, en esencia, una lámina de carbono puro que se dispone de manera hexagonal. Su grosor es de únicamente un átomo, lo que no le impide ser 200 veces más resistente que el acero. Además, es cinco veces más ligero que el aluminio y tienen la densidad de la fibra de carbono. ¿Cuánto puede pesar un material así? Poco, muy poco. Muy, muy poco, vamos. Una lámina de grafeno de un metro cuadrado pesa únicamente 0,7 miligramos.

Un material que revolucionará la tecnología

Entre los puntos fuertes del grafeno destaca que es el mejor conductor que conocemos, ya que los electrones se mueven a través de él hasta 200 veces más rápido que en el silicio, su más cercano perseguidor. Por si fuera poco, su consumo de energía es muy inferior al del silicio, el material que se encuentra hoy en día en el interior de los chips que controlan nuestros aparatos. Las posibilidades que esto abre en el mundo de la computación son infinitas.

No obstante, hay quien pone en duda que el grafeno pueda sustituir alguna vez al silicio como material de fabricación de circuitos integrados y de procesadores, ya que el grafeno no se puede “desconectar”. Aun así, si conseguimos dominar las características del grafeno, en poco tiempo podríamos tener pantallas táctiles flexibles, cables de fibra óptica mil veces más rápidos, cámaras fotográficas hipersensibles, super-baterías… Incluso en el campo de la medicina el grafeno tendría aplicaciones increíbles, ya que se podría integrar en sensores biomédicos y actuar como anticancerígeno.

Algunos obstáculos por superar

Todo parece maravilloso, ¿no es cierto? Sin embargo, el grafeno también presenta algunos inconvenientes que deben solventarse antes de que podamos hablar de aplicaciones reales y tangibles de este material. Por ejemplo, la producción en masa de grafeno supone un gran problema. Los métodos utilizados hasta ahora para conseguir aislarlo, como el uso de potentes oxidantes y disolventes o la exfoliación con cinta adhesiva son poco prácticos, farragosos y, a veces, contaminantes.

A pesar de todo, estamos convencidos de que cuando se superen estos escollos el grafeno se introducirá en la tecnología con unas consecuencias aún inimaginables. ¿Crees que la tecnología de hoy en día está muy avanzada? Espera a que el grafeno llegue a nuestros hogares: entonces, nada volverá a ser igual.